Francisco Fornals - Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Historia
La importancia militar del puero de Mahón ha sido bien patente durante siglos, especialmente desde el siglo XVI, en que los condicionamientos políticos lo convirtieron en escala marítima, del enlace de la Corona de España con sus posesiones italianas, después, durante el dominio británico de Menorca fue el puerto de apoyo de la escuadra inglesa del Mediterráneo, para convertirse por último en el siglo XIX en la encrucijada de la ruta francesa de Tolón - Argel con la ruta mediterránea inglesa de Gibraltar a Malta.
Las dimensiones del puerto, su calado, y protección de los vientos dominantes del Mediterráneo Occidental, lo hicieron uno de los mejores del Mediterráneo, según la conocida frase del almirante genovés Andrea Doria 'Julio, Agosto, y puerto Mahón, los mejores puertos de Mediterráneo son'. Esto fue así, sobre todo, en la época en que la navegación a vela surcaba los siete mares y los desplazamientos de estos navíos permitían al puerto albergar las mayores flotas de aquellos tiempos.
Esta condición del puerto de Mahón quedó reconocida y subrayada por las fortificaciones que se levantaron a ambas orillas de la bocana del puerto desde tempranos tiempos, primero, en la orilla sur con el castillo de San Felipe, a partir de 1555, y después, en la orilla norte, desde 1848, e incluso antes.
El castillo de San Felipe, trazado por J.B. Calvi en 1555, se amplió varias veces en el periodo español (1555 - 1808), y a la llegada de los ingleses en 1708, se reforzó con una serie de obras que formaron doble recinto de defensa, levantando también el fuerte Marlborough, en la orilla sur de la Cala San Esteban.
En la Mola, ya en el siglo XVI, el Gobernador Moncayo el año 1541 había aconsejado la construcción de una 'fuerza', que Calvi, acabó por descartar años después, cuando decidió la construcción de San Felipe en la otra orilla del puerto. Fueron los ingleses, en 1708, los que iniciaron allí el fuerte de Santa Ana, que consistió en una línea quebrada, formando un hornabeque cubierto por revellín, que cerraba el paso de la Mola desde los Freus.
El fuerte Santa Ana de la Mola, no llegaron nunca a terminarlo los ingleses, según la traza proyectada por el ingeniero Durand; no obstante, durante años estuvieron destinados allí una serie de oficiales a la espera de ver terminada la fortificación.
Años después (1799), los ingleses construyeron en la Mola dos torres de defensa: Saint Clair (Cala Teulera) y Erskine (Princesa).
Pero la fortaleza de la Mola que ha llegado hasta nuestros días es una obra española, iniciada después de la demolición del castillo de San Felipe, como consecuencia de la reactivación de las tensiones internacionales en el Mediterráneo Occidental, cuando Francia ocupó Argelia.
Menorca, después de la segunda destrucción de la fortificación de San Felipe, en la primera mitad del siglo XIX, permaneció casi sin defensas, pero el creciente antagonismo anglo-francés de la década de los años 1840, por el cruce de sus rutas mediterráneas, obligó a España a fortificar de nuevo la isla.
Antes de que el Gobierno aprobara el nuevo criterio defensivo de Menorca, los acontecimientos internacionales se precipitaron, llegándose a decir en la Cámara de los Lores británica que si España no defendía la isla, Inglaterra tomaría las medidas oportunas para evitar su ocupación por otra potencia.